Nota publicada el:2021-08-09 00:05:06 hs
Autores:
María Soledad Rodríguez-

Cuidar en la Distancia

 “El hecho de que el paciente sea visto como un texto es sinónimo de que en su ser de enfermo pueden emerger palabras que muchas veces deben ser extraídas del silencio, palabras cuyo decir es siempre múltiple y están a la espera de nuevas interpretaciones que decidan su significación, palabras que, además, estarán abiertas a los muchos que puedan leerlas, a todas las instancias sociales que pueden proveer salud, en mayor o menor medida”

Villarroel R. Bioética hermenéutica. Acta Bioethica 2000; 6: 143-57

 

La estrategia de seguimiento telefónico y detección de casos y contactos de pacientes con COVID19 instauró en el mundo una nueva forma de seguimiento y cuidado. Tiene como objetivo detectar y aislar a personas que sean potenciales transmisoras de la enfermedad y el seguimiento telefónico de aquellas diagnosticadas con cuadros leves con el objetivo de pesquisar de modo temprano situaciones que requieran asistencia en efectores de salud.

El gran hallazgo de esta experiencia es que hay actores de la sociedad civil que pueden ejercer acciones de cuidado en la comunidad siendo replicadores activos de información y actos responsables en el cuidado de las personas y las comunidades.

La promoción de la salud constituye no sólo un proceso político y social global que abarca las acciones dirigidas a fortalecer las habilidades y capacidades de los individuos, sino también las dirigidas a modificar las condiciones sociales, ambientales y económicas, con el fin de mitigar su impacto en la salud pública e individual. Desde esta definición resulta fundamental contar con actores capaces no sólo  de transmitir información, sino también de  motivar y fomentar las habilidades personales y la autoestima, necesarias para adoptar medidas destinadas a mejorar la salud individual y colectiva. Estamos frente a una nueva herramienta para poder concretar transformaciones en nuestra sociedad.

Si la letargia y la somnolencia fueron parte de una díada de síntomas para definir la enfermedad del sueño, la analogía es útil para definir a nuestro sistema de salud como enfermo, letárgico y adormecido. Un sistema de salud es el resultado de múltiples interacciones encaminadas a proteger y, en su caso, a mejorar la salud colectiva e individual, así como a financiar y a organizar la prestación de cuidados de salud. Entre sus principales desafíos están la mejora de la accesibilidad y la calidad, el aumento de la cobertura, la racionalidad, lograr mejor calidad de vida y mayor autonomía, fortalecer la equidad. La suma de coberturas NO es un sistema de salud.

Al profundizar en algunas funciones de nuestro sistema que debieran potenciar el estado de salud, asistir para impedir que los individuos enfermen, sólo existen caminos efímeros que se agotan en un valle de palabras o deseos; pequeños arroyos que no llegan al gran cauce.

Es así como el subsistema de la Salud Pública está colmado con la atención de enfermos y pocas horas humanas quedan para los sanos, el subsistema de la seguridad social no tiene cobertura real pensada en la prevención. Lo mismo ocurre con el subsistema de la seguridad privada, en el que además, el concepto de mercancía ligado a la cura de la enfermedad toma una connotación muy potente tornando en fútil el objetivo de prevención para lograr ausencia de enfermedad.

Nosotros mismos como usuarios desconfiamos de las prácticas que nos mantendrían saludables aunque sí creemos ciegamente en el poder de tratamientos que poco pueden hacer en estados avanzados de una enfermedad.  La concepción de efecto directamente ligado al costo es un mal arraigado en nuestra sociedad.

En cuanto a temas de salud somos una sociedad enferma que busca cura. ¿Y si la sanación viniese calzándose la vestimenta del guerrero que lucha por no enfermar y que busca por todos los medios preservar su salud?

En el concepto de cura de un sistema de salud enfermo y aletargado se aboga por incorporar actores que hoy están al margen de la acción. 

El empoderamiento del paciente se ha identificado como una potente estrategia para promover la salud y la prevención de enfermedades, así como para responder a los principales problemas de salud en el mundo, como son las enfermedades no transmisibles, la salud mental, la seguridad del paciente y el incremento de la cronicidad. La educación sanitaria y el concepto de autocuidado son entendidos como el proceso por el cual las personas logran un mayor control sobre las decisiones y acciones que afectan a su salud, y pasan de ser un receptor pasivo de atención sanitaria a un agente activo en su propio cuidado. Si queremos una sociedad sana que busque no enfermar, actores de la sociedad civil que deseen involucrarse en difundir estos conceptos y prácticas no pueden quedar fuera del sistema de salud.

Seguramente el camino alternativo en una realidad atestada de enfermedad y hegemonía sea una meta difícil, pero no imposible. Quienes sepan verla y apostar a ella a pesar de las dificultades, estarán haciendo historia en la salud de la población. Hoy, cuidar en la distancia parece ser una de las alternativas posibles.

En Rosario

La Secretaria de Salud Pública de la Municipalidad de Rosario, convocó a un equipo de trabajadores municipales que asciende hoy a 400 personas que han sido capacitadas y están realizando la tarea de rastreo telefónico a pacientes con COVID y sus contactos. El abordaje fue pensado y anclado a la estrategia de equipos territoriales y atención primaria de la salud del sistema de salud pública municipal de la ciudad.

Para realizar la misma, los trabajadores han recibido nociones acerca del cuadro clínico de Covid, capacitaciones para el manejo y abordaje de situaciones difíciles considerando el campo de la salud mental y de otras relacionadas al Covid-19. Son una masa crítica de personas pertenecientes al estado municipal con un bagaje de experiencias únicas.