Nota publicada el:2021-09-06 15:34:20 hs
Autores:
Ignacio Maglio-

“Telemedicina: ¿El paciente dónde está?, en busca de la Salud Digital Hipocrática”
“Muchos pacientes se curan solamente con la satisfacción que les produce un médico que los escucha” -Aforismo Hipocrático



“Muchos pacientes se curan solamente con la satisfacción que les produce un médico que los escucha” -Aforismo Hipocrático


La irrupción de la pandemia por Coronavirus COVID-19 aceleró un proceso de generalización de la Telemedicina, en particular la Teleasistencia o Asistencia Médica Remota, en donde médicas/os y pacientes se vinculan mediados a través de distintas plataformas digitales. La atención virtual viene a quebrar un modelo de atención basado en la presencialidad. El origen de la clínica deviene del verbo latino “inclinare”, fundamento esencial de la medicina, ya que la inclinación permitía el despliegue de herramientas clínicas como la palpación, la observación, el “interrogatorio” y el “escuchatorio”.

             La teleasistencia conlleva beneficios reales, tales como los que desde hace años viene demostrando el compromiso de excelencia del Programa de Telemedicina del Hospital Garrahn, con decenas de miles de consultas anuales, promoviendo mejoras en la accesibilidad y calidad de los cuidados pediátricos. Iniciativas de ese tipo evidencian las ventajas de la rapidez, efectividad y economía de las comunicaciones, la mejora de estándares de seguridad, la facilitación de trámites y una mayorco mprensión y adherencia de las indicaciones.

          Un aspecto esencial para un acceso efectivo y de calidad a la Teleasistencia es la eliminación de la brecha digital, en donde se conjugan dos elementos: el analfabetismo digital y la limitación conectiva. Urge hoy mas que nunca crear y promover el Derecho a la Internet como un Derecho Humano de última generación.

Al mismo tiempo La Teleasistencia  conlleva riegos asociados a un uso inapropiado, tales como: el empobrecimiento del lenguaje, la precarización laboral, la afectación de la privacidad y la deshumanización de las relaciones clínicas.

El fantasma que acecha es la despersonalización y el reemplazo de la presencialidad por la virtualidad. Los encuentros mediados por la tecnología “… cuando se convierten en omnipresentes, no favorecen el desarrollo de una capacidad de vivir sabiamente, de pensar en profundidad, de amar con generosidad…nos impiden tomar contacto directo con la angustia, con el temblor, con la alegría del otro y con la complejidad de su experiencia personal”, advierte sabiamente el Papa Francisco.

               El contacto personal es el sustrato esencial e irremplazable en la relación medica/o/paciente, se materializa con todo su esplendor en el tacto, tal como enseñaba Margaret Atwood: “El tacto llega antes de la vista, antes del habla. Es el primer idioma y el último, y siempre dice la verdad”. Richard Horton luego de asistir a una consulta en un hospital de alta complejidad, donde nadie lo toco, expresa con contundencia que el “El tacto comunica comodidad, preocupación, fomenta la cooperación, genera confianza, tranquilidad y un sentido de comunión…se trata de fomentar un vínculo social de simpatía, compasión y ternura entre dos extraños. Es hora de devolver el toque a la medicina”

               Ensayos clínicos controlados establecieron que el contacto físico reduce el dolor y el cortisol, aumenta la respuesta inmunológica, reduce el tiempo de internación en bebés prematuros, minimiza la fatiga y el dolor en pacientes oncológicos, aumenta la concentración de hemoglobina en pacientes anémicos. En estudios de médicas/os que tocan vs no tocan, los pacientes del primer grupo sintieron que el tiempo de consulta fue el doble.

El gran desafio actual para el sistema de salud, en tiempos donde se pregona el reformismo, es armonizar el modelo hipocrático asistencial tradicional, con los nuevos sistemas de salud digital, se presenta una gran oportunidad para redefinir la relación médico/paciente, en donde la presencia, “el escuchatorio”, continúen siendo la parte medular del ejercicio profesional, y donde todo aquel acercamiento virtual sea el complemento auxiliar de ese “encuentro entre una conciencia y una confianza”.

            La Medicina es la más humana de las ciencias y la más científica de las humanidades, por lo tanto para hacer Teleasistencia: ni tecnofobia ni tecnolatría, sino tecnosabiduría, en términos aristotélicos el justo medio: ser amos de la tecnología, no sus esclavos.


Ignacio Maglio